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De lo multi a lo trans: breve apunte sobre cultura(s)
A la mayoría nos interesa viajar, conocer nuevos lugares y personas, enriquecernos con descubrimientos, pero a menudo dejamos de lado que esas experiencias representan el entrecruzamiento de culturas…
A la mayoría nos interesa viajar, conocer nuevos lugares y personas, enriquecernos con descubrimientos, pero a menudo dejamos de lado que esas experiencias representan el entrecruzamiento de culturas diferentes. Por ello, es necesario ampliar nuestro entendimiento del espacio-tiempo en el que vivimos, a fin de reconocer no solo la multiculturalidad, sino también para valorar la transculturalidad que se encuentra en nuestro entorno y de la que formamos parte.
El concepto de cultura ha evolucionado a través de la historia. Hasta los ochenta se coincidía al definirla como ámbito de producción, circulación y consumo de significaciones en la vida social. No obstante, adolecía de un principio básico: la “diferencia” entre culturas. Es cuando Arjun Appadurai (2001), propone dejar de asumir cultura como sustantivo (objeto), y entenderlo como adjetivo: “lo cultural”. Fredric Jameson aportó otro elemento crucial en esta redefinición de lo cultural: el valor de lo imaginario: estigmas que un grupo posee ante la mirada del otro, determinantes en una relación entre culturas.
Clifford Geertz en “La interpretación de las culturas” (2000), acuña una definición integral de síntesis notable: “El hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido; considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser, por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones” (Geertz, 2000, p. 20).
Problematizada la noción de cultura, diferenciemos los términos multi y trans referidos a ella, sobre la base de un artículo de Wolfgang Welsch: “¿Qué es la transculturalidad?” (2011). El autor identifica dos tipos de culturas: las esfera y las red.
Las primeras mantienen una homogeneidad interna, son hostiles a otras culturas e incapaces de comunicarse, se repelen. Son germen de intolerancia, extremismo y negación de los distintos. En contraste, las culturas red tienen como principio constructivo lo trans: núcleo emergente que hace del mestizaje su orientación y su destino: tolerancia, escucha, reconocimiento, convivencia, fusión e integración.
Buscan la hibridación, la yuxtaposición con otras culturas; se mezclan, se cruzan, se compenetran. No reconocen fronteras, se entretejen y hacen comunidad.
Cuando hablamos de multiculturalidad aludimos a la concurrencia de expresiones culturales diferentes en un mismo espacio-tiempo. Transculturalidad es algo más, como lo argumenta Wolfgang Welsch: es un ecosistema humano en el que los individuos pueden intercambiar y comunicarse a pesar de sus diferencias. Supone el encuentro con lo ajeno, no defenderse del otro, sino comunicarse con él. La transculturalidad apuesta por la democracia y niega los absolutismos; imagina horizontes y derriba fronteras; cruza límites, vulnera censuras, se alimenta de rebeldía y nutre utopías.
Lo transcultural, pues, es esa vocación productiva de encuentros e intercambios emergentes para el alumbramiento de nuevas formaciones culturales; es una apuesta civilizatoria de apertura y reconocimiento frente a lo distinto; un camino cierto, aunque arduo y lleno de obstáculos, hacia la paz.
Es preciso, entonces, crear puentes en los que nazca lo transcultural, más culturas red en las que se propicie la fusión y reconocimiento de lo distinto, mediante viajes y experiencias internacionales, siempre y cuando exista una auténtica integración recíproca y respetuosa.
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Business Leaders · Edición 8
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