Multiculturalidad
Durante la prepa tuve la oportunidad de vivir en Heidelberg, Alemania, por un semestre.
Durante la prepa tuve la oportunidad de vivir en Heidelberg, Alemania, por un semestre. Esta experiencia me permitió no solo conocer la ciudad, sino también otras más que me ampliaron la perspectiva del mundo como ya lo conocía. Cursé el quinto semestre de prepa en un entorno cultural y académico completamente diferente al mío, lo que significó un proceso profundo de exploración y autoconocimiento. Esto se vio reflejado en el desarrollo de mi madurez personal, así como en ampliar mi visión sobre la diversidad humana y las realidades globales. Me enfrenté a desafíos que exigieron autogestión, capacidad de adaptación y apertura. Al estar inmersa en otro país, otro idioma y otra dinámica social, comencé a observar con claridad los contrastes culturales que definen nuestra forma de relacionarnos y organizarnos como sociedad.
Uno de los aspectos que más me impactó fue el nivel de orden, puntualidad y honestidad que caracteriza a los alemanes. Allá, si ves una parada de autobús en medio de una carretera montañosa, el autobús llegará exactamente a la hora indicada. Una vez me perdí en el bosque con mis amigos al hacer hiking y salimos a dar a un camino alejado de la ciudad. Al bajar por carretera para caminar de vuelta, presencié la llegada del transporte público con precisión a la parada de autobús en medio de la nada, casi como algo tétrico, pero que en ese momento nos llenó de alivio a todos. Ahí comprendí que la confianza en el sistema, en que el transporte funciona, en que la gente respeta las reglas, en que cada individuo cumple con su parte, es un pilar fundamental de la vida cotidiana en Alemania. Ese orden social genera estabilidad y seguridad, y permite que la vida fluya con eficiencia. Además, vivir sola implicó aprender a cuidarme, a organizarme y a tomar decisiones responsables. Hubo una ocasión en la que me enfermé estando sola, y tuve que gestionar mi bienestar sin el apoyo inmediato de mi familia. Ir al doctor, hablar alemán, tratar de que me entendiera cuando no sabía cómo decir “antigripal”, el desenvolverme en un idioma ajeno, me hizo mejorarlo, pero también significó un ejercicio de humildad comunicativa, aceptando el error, intentar de nuevo y escuchar con atención. Cada interacción era un acto de aprendizaje intercultural.
Asimismo, tuve la oportunidad de visitar el campo de concentración que se encuentra en Dachau, lo que representó un encuentro íntimo con la historia y con las consecuencias éticas de la violencia, la intolerancia y la indiferencia. Cada vez que recuerdo ese momento se me enchina la piel de la vibra tan distinta que se siente ahí dentro, y cómo al ver las inscripciones por todos lados que dicen “nunca más” y “no se olvida” no podía dejar de pensar en las guerras que suceden en el contexto geopolítico actualmente. Visitas el muro de Berlín o la casa de Ana Frank y te dices a ti mismo que vas a hacer de este mundo un lugar mejor. En ese momento no sabía cómo, pero después el momento de elegir carrera llegó, y la oportunidad surgió.
Estas vivencias se relacionan directamente con mi formación profesional actual en Contaduría Pública y Finanzas porque al haber experimentado otro sistema cultural desarrollé una mentalidad más estructurada, disciplina en la administración del tiempo, responsabilidad en el cumplimiento de objetivos y respeto por los procesos, y sobre todo, el entender de dónde vienen por la historia que los antecede, me hizo comprender que los valores son fundamentales para la construcción de sociedades más sostenibles. Y coincidentemente, los valores arraigados en la cultura alemana, como la disciplina y la atención al detalle, son también principios fundamentales en la profesión financiera, donde la transparencia, la precisión y la integridad son componentes clave esenciales.
Hoy reconozco que las habilidades adquiridas durante aquella experiencia me brindan ventajas tangibles para el futuro. En un mundo globalizado, la capacidad de comprender y colaborar con personas de diferentes culturas no es solo un valor humano, sino una competencia profesional estratégica. Haber vivido en Alemania amplió mi visión del mundo y me enseñó que las mejores ideas, soluciones y modelos sociales surgen de aprender los unos de los otros, con respeto y curiosidad. Esta experiencia internacional no solo me permitió conocer otro país, sino también reconocer nuevas dimensiones de mí misma. Hoy, aquella versión de Victoria que caminó sola por el castillo de Heidelberg sigue acompañándome, recordándome que el mundo es amplio, diverso y lleno de oportunidades. Hoy sé que puedo construir puentes entre culturas, valores y personas, así es como pongo mi granito de arena para hacer de este mundo uno mejor.
Léelo en la revista
Business Leaders · Edición 8
Abre el artículo con su diseño original, página 30 →