1. Business Leaders
  2. Edición 7
  3. Profesores

Una perspectiva humana del cambio

Dice el ya muy conocido aforismo del filoso griego Heráclito de Éfeso; pero ¿qué significa realmente que solo el cambio es…

Por Nadia Lissette Covarrubias Sicairos Edición 7 · Feb - Jul 2025 3 min de lectura
Imagen: Business Leaders, edición 7, pág. 14.

Dice el ya muy conocido aforismo del filoso griego Heráclito de Éfeso; pero ¿qué significa realmente que solo el cambio es constante?

En nuestro día a día estamos acostumbrados a escuchar hablar de esto como si todas las personas pudiéramos entenderlo y asimilarlo, pero no hay nada más carente de verdad.

La única constante es el cambio... Todo fluye, nada permanece.

Todos como seres humanos, vivos, que somos, estamos en un estado permanente de cambio, ya que nuestro propio organismo evoluciona y envejece cada día; y aunque sean variaciones imperceptibles, el paso de los años hace que ese cambio se vuelva evidente; y eso es algo que, lo entendamos o no, ocurre todo el tiempo.

Sin embargo, a pesar de que vivimos en un proceso natural de cambio, nuestra mente por alguna razón busca siempre un estado de estabilidad, de certeza en el que pueda hasta cierto punto “predecir el futuro”. El neurólogo, psiquiatra y filosofo austriaco Viktor Frankl, en su libro: “El hombre en busca de sentido”, explica que las personas se encuentran en la búsqueda de sentido en sus vidas, y es precisamente dicha búsqueda la que puede llevarlas a conformarse con un estado de equilibrio, incluso en las circunstancias más difíciles.

A los seres humanos nos ha encantado a lo largo de la historia creer que podemos llegar a predecir todo lo que nos deparará el destino, y si bien, siempre estamos esperando que suceda lo mejor, o por lo menos, no esperando lo peor, o bien nos encontramos anhelando que las cosas permanezcan como están, la vida termina siempre sorprendiéndonos y recordándonos que, como lo mencionaba Facundo Cabral: “si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes”.

Porque ya sea en el funcionamiento de nuestro organismo, en la dinámica del seno familiar, en las creencias y normas sociales, y en las empresas, cada suceso por pequeño o insignificante que sea puede detonar un arduo proceso de cambio que ponga nuestras vidas “de cabeza”.

Una noche nos vamos a dormir considerando que al día siguiente vamos a despertar con la misma salud de cuando teníamos 20 años, creemos que al despertar estarán todos los integrantes de nuestras familias sanos y salvos, que nuestros trabajos o actividades nos esperarán para poder ser ejecutadas con nuestro sello único, creemos que al despertar nuestros clientes querrán comprarnos con el mismo interés que lo hicieron el día anterior; sin embargo los cambios naturales, las luchas de poder, por ideales, por dominio, el uso de la tecnología, de las redes sociales, etc., hacen que constantemente tengamos que hacer gala de nuestras más sensibles y blandas habilidades, como lo son la capacidad de adaptación, resiliencia, inteligencia emocional, resolución de problemas, comunicación, flexibilidad, mente abierta, y gestión del cambio, por mencionar algunas.

Son precisamente las situaciones complejas que se nos van presentando cada día, esas que nos hacen sentir y pensar que “no podremos resolver”, las situaciones que nos desarrollan y fortalecen dichas habilidades. Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia Emocional”, señala que justo son las adversidades y desafíos diarios las que nos fortalecen las habilidades blandas.

Así que la próxima vez que te encuentres frente a una situación retadora, cuando sientas que el proceso de cambio que vives es “apabullante”, recuerda que en realidad desde que nacemos vivimos inmersos en dicho proceso y que es justo eso lo que nos permite fortalecer nuestro carácter, y determinará en gran medida nuestra capacidad de ser y hacer; así que recuerda agradecer la experiencia y aprender de ella, que el siguiente cambio está esperando justo en el siguiente instante.

Léelo en la revista Business Leaders · Edición 7 Abre el artículo con su diseño original, página 14 →