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La ingeniería como un reto alcanzable

Cuando tomas la decisión de estudiar una ingeniería, miles de preguntas aparecen; sin embargo, la más frecuente es: ¿Soy lo suficientemente inteligente para…

Por María Fernanda Véliz Terán Edición 8 · Ene - Jun 2026 3 min de lectura
Imagen: Business Leaders, edición 8, pág. 82.

Cuando tomas la decisión de estudiar una ingeniería, miles de preguntas aparecen; sin embargo, la más frecuente es: ¿Soy lo suficientemente inteligente para lograrlo?

A muchos nos aterra ser insuficientes, porque en un mundo donde el talento suele ganarle al esfuerzo, eso puede volverse tan destructivo como cansado. Al llegar, te encuentras rodeada de personas con distintas habilidades: algunas resuelven ecuaciones complejas en segundos, con la seguridad de que su resultado será correcto. Y entonces, inevitablemente, surge la comparación. Te preguntas si algún día podrás hacerlo igual o si pronto dejarás de sentirte que vas un paso atrás.

Y de repente notas la diferencia. Los días se vuelven más pesados; sientes que debes correr para alcanzar el ritmo de las clases, pero no importa cuánto te esfuerces, parece que nunca es suficiente.

Resulta extraño, incluso frustrante, porque antes eras esa persona que destacaba, que encontraba las respuestas rápido, que se sentía segura en el ámbito académico.

Ahora, por primera vez, todo se siente incierto.

Y más allá del simple agotamiento, aparece una especie de vacío: la pérdida de los colores en aquello que antes te motivaba cada día.

Detrás de todas esas dudas y asistencias a asesorías, descubres que hay más personas cargando con la misma incertidumbre, acompañadas de ese sentimiento silencioso de “sentir que no sabes nada”. En medio de esa confusión, entiendes que no estás solo: algunos vienen de contextos distintos, otros piensan o aprenden de maneras completamente diferentes.

Ahí comprendes que la ingeniería es tan diversa como las personas que la construyen; no todos contamos con las mismas técnicas de estudio ni con las mismas habilidades.

Y aunque ese examen o error te haga sentir lo contrario, eres suficiente incluso cuando te sientes prescindible. Cuando das todo de ti y no lo logras, sigues siendo valioso, porque una nota no define el tipo de persona que eres.

Comprender que a veces es necesario pedir ayuda y cuando la necesitas, no te hace inferior. Aprender a trabajar en equipo se vuelve tan importante como pasar una materia. Los grupos de estudio se convierten en espacios donde los pensamientos se conectan, las inquietudes encuentran respuestas y las perspectivas se amplían.

Por medio de la exploración de actividades fuera de lo cotidiano se llega a entender esto. Gracias a mi experiencia formando parte del equipo de robótica “LamBot” durante la preparatoria, encontré un lugar al que pertenezco.

Más allá de construir un robot que debía cumplir con ciertos objetivos, lo más valioso fue conocer a personas que compartían su pasión por la ingeniería y la robótica, inspirándome a seguir aprendiendo y creciendo.

La historia de la ingeniería solía girar en torno a la competencia. Durante la Space Race, las potencias del mundo se enfrentaron por demostrar quién podía llegar más lejos, quién podía conquistar el espacio primero. Hoy, sin embargo, la ingeniería se vive de una manera distinta.

En LamBot, he aprendido que la verdadera meta no es vencer, sino colaborar; avanzar con otros.

Lo que antes simbolizaba rivalidad ahora representa comunidad, unión y propósito compartido.

Ahí descubres que el conocimiento y el talento colaborativo tienen un valor inmenso; que cada persona es capaz de lograr cosas extraordinarias precisamente porque cada una es especial a su manera. En un mundo tan diverso, ser “lo suficiente” ya no significa encajar, sino aportar desde quien eres.

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