1. Business Leaders
  2. Edición 7
  3. LIN

Cambio organizacional originado por el Nearshoring

El efecto del nearshoring en México ha generado un cambio profundo en nuestro entorno económico.

Por Anyul de Lourdes Zapata Martínez Castro Edición 7 · Feb - Jul 2025 7 min de lectura
Imagen: Business Leaders, edición 7, pág. 48.

El efecto del nearshoring en México ha generado un cambio profundo en nuestro entorno económico. Tan solo en el último trimestre de 2024, se registró una inversión extranjera directa (IED) de 36,872 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Este fenómeno refleja no solo un auge económico, sino también una transformación estructural dentro de las organizaciones instaladas en el país. (De Hacienda y Crédito Público, 2025)

Los países que más han contribuido con esta inversión son Estados Unidos, Japón, Alemania, Canadá y Países Bajos. Sin embargo, su influencia no se limita al ámbito económico. Las empresas que deciden instalarse en México también traen consigo su propia cultura organizacional, lo cual representa un gran desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad para las empresas mexicanas y sus colaboradores. (De Hacienda y Crédito Público, 2025)

Esta convivencia de culturas genera un cambio organizacional necesario. La adaptación mutua entre culturas requiere una estrategia de integración que permita formar ambientes laborales más inclusivos y diversos. Así, las empresas en México no sólo adoptan procesos internacionales, sino también valores y comportamientos laborales provenientes de otras regiones. En este artículo, me propongo analizar las culturas organizacionales de tres de los países con mayor presencia en México gracias al nearshoring: Japón, Alemania y Estados Unidos. Al ser países de distintos continentes, sus culturas reflejan diversidad y contrastes importantes que enriquecen el entorno laboral mexicano.

Para este análisis, me apoyo en la herramienta The Culture Factor, la cual permite comprender con mayor profundidad las características de las culturas nacionales y cómo se traducen al ámbito empresarial. A partir de esta fuente, rescató las diferencias clave entre las culturas mencionadas, comparándolas con la mexicana, para entender cómo estas influencias extranjeras están modelando nuestras organizaciones.

Cultura organizacional de Japón

Individualismo: La cultura japonesa es considerada individualista en el sentido de que los empleados sienten una profunda lealtad hacia las empresas que ellos mismos eligen. Aunque suelen ser reservados, esta lealtad se traduce en un compromiso firme con su lugar de trabajo. En cambio, México se caracteriza por ser una sociedad colectivista. Valoramos profundamente las relaciones interpersonales y el trabajo en equipo, y es común que los empleados se sientan parte de una “familia laboral”, asumiendo responsabilidades compartidas por el bienestar del grupo. (Country Comparison Tool, s. f.)

Orientación a largo plazo: Una de las principales características de la cultura japonesa es su fuerte orientación a largo plazo. Esto se refleja claramente en su enfoque empresarial: las compañías japonesas suelen invertir en investigación y desarrollo incluso en tiempos de crisis, priorizando la estabilidad y el crecimiento sostenible por encima de las ganancias inmediatas. Esta visión contrasta con la cultura mexicana, que se define como normativa. En México, se da un gran valor a las tradiciones, se busca la verdad absoluta, se respeta la autoridad y existe una baja propensión al ahorro y una mayor urgencia por obtener resultados rápidos. (Country Comparison Tool, s. f.)

Indulgencia: Japón es una cultura de restricción. Las personas tienden a controlar sus deseos y emociones, valoran menos el tiempo libre y prefieren seguir las normas sociales por encima de la gratificación personal. En cambio, la cultura mexicana es indulgente. Disfrutamos del tiempo libre, valoramos el disfrute de la vida y tenemos una actitud generalmente optimista. Estas diferencias pueden generar choques culturales en las dinámicas laborales, pero también abren oportunidades para equilibrar el compromiso con el bienestar.(Country Comparison Tool, s. f.)

Cultura organizacional de Alemania

Distancia de poder: La cultura alemana se caracteriza por tener una estructura organizacional descentralizada. Se fomenta la comunicación directa y la participación en la toma de decisiones. Los líderes son respetados por su experiencia y conocimientos, no por su posición jerárquica. En cambio, México es una sociedad jerárquica, donde se acepta la existencia de órdenes rígidas y una marcada diferencia de poder entre superiores y trabajadores. En las organizaciones mexicanas, es común que se espere que el jefe tome todas las decisiones, siendo percibido como una figura autoritaria.(Country Comparison Tool, s. f.)

Indulgencia: Al igual que Japón, Alemania es una sociedad de restricción. Sus ciudadanos tienden a controlar sus deseos personales y siguen estrictamente las normas sociales. No priorizan el tiempo libre ni el disfrute individual. Por el contrario, México es una cultura indulgente, lo que nos permite tener una actitud más relajada frente a la vida y un enfoque más positivo hacia las experiencias diarias. (Country Comparison Tool, s. f.)

Individualismo: Alemania también es una sociedad individualista. La autorrealización es un valor central, y existe una clara separación entre la vida personal y laboral. La comunicación es extremadamente directa; los alemanes valoran la honestidad, incluso si esta puede parecer brusca. Esta actitud permite que los errores se aborden de manera inmediata y se conviertan en oportunidades de mejora. En México, por el contrario, la lealtad hacia el grupo y el respeto a las relaciones interpersonales suelen estar por encima de la franqueza directa. Las relaciones laborales se viven como vínculos personales, casi familiares. (Country Comparison Tool, s. f.)

Cultura organizacional de Estados Unidos

Evitar la incertidumbre: Estados Unidos es una sociedad que tiende a aceptar la incertidumbre. A pesar de eventos como el atentado del 11 de septiembre, que llevó a un aumento en las medidas de seguridad, los estadounidenses siguen abiertos a nuevas ideas, productos y tecnologías. Son innovadores y tolerantes al cambio. En contraste, México prefiere evitar la incertidumbre. Nos guiamos por códigos establecidos, buscamos reglas claras y sentimos ansiedad ante lo desconocido. Esta necesidad de estructura se refleja en el ámbito laboral, donde se valoran las normas y procedimientos establecidos. (Country Comparison Tool, s.f.)

Distancia de poder: En Estados Unidos, la igualdad es un valor central. Esto se traduce en una cultura organizacional con jerarquías flexibles, líderes accesibles y una comunicación participativa. Los gerentes confían en la autonomía de sus equipos y valoran las opiniones de todos los colaboradores. En cambio, en México predominan estructuras jerárquicas, donde se espera que el jefe tenga la última palabra. Esta diferencia puede generar tensiones, pero también brinda oportunidades para transformar nuestras prácticas tradicionales. (Country Comparison Tool, s. f.)

Orientación a largo plazo: La cultura estadounidense no tiene una inclinación clara hacia la orientación a largo o corto plazo. Sin embargo, en el entorno empresarial es común medir resultados trimestrales y recompensar los logros inmediatos. Esta práctica impulsa la productividad, pero también puede generar presión constante. En México, también tendemos a buscar resultados rápidos, aunque muchas veces esto se debe a factores estructurales como la falta de acceso a financiamiento o la necesidad de sobrevivir en un entorno competitivo. (Country Comparison Tool, s. f.)

Como hemos podido observar, las diferencias culturales entre Japón, Alemania, Estados Unidos y México son profundas. Estas culturas han traído consigo una serie de valores, prácticas y formas de pensar que han empezado a integrarse en la estructura organizacional mexicana. Por ejemplo, las empresas alemanas han reforzado la puntualidad y la comunicación directa; las japonesas han transmitido valores como la disciplina y la orientación a largo plazo; y las estadounidenses han impulsado modelos de liderazgo participativo y horizontalidad.

En definitiva, el nearshoring ha traído a México no solo inversión, sino una convivencia sin precedentes entre culturas. Esta exposición a nuevas formas de pensar y trabajar puede ser transformadora si sabemos aprovecharla. Podemos convertirnos en trabajadores más puntuales y responsables, como los alemanes; disciplinados y organizados, como los japoneses; o innovadores y participativos, como los estadounidenses. Lo importante es extraer lo mejor de cada cultura, respetando nuestras raíces, para crecer como profesionales y como sociedad. Estas influencias no deben verse como una amenaza, sino como una oportunidad para repensar nuestras propias formas de trabajar. No existe una cultura perfecta ni un modelo único que se pueda aplicar a todas las organizaciones. Lo fundamental es entender qué funciona para cada equipo, reconocer las diferencias culturales y transformarlas en ventajas competitivas. La clave está en aprender de los demás, adaptar las buenas prácticas y fomentar una cultura organizacional inclusiva, flexible y abierta al cambio.

Es crucial promover actividades que mejoren la convivencia dentro de las organizaciones multiculturales. Talleres de sensibilización cultural, programas de mentoría intercultural y espacios para el diálogo pueden ser herramientas valiosas para fortalecer la cohesión entre equipos diversos. Además, debemos aprender de cada experiencia organizacional, reflexionar sobre nuestros errores y celebrar nuestras diferencias.

Léelo en la revista Business Leaders · Edición 7 Abre el artículo con su diseño original, página 48 →